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Espiritualidad Providencia

Evangelio según Juan 6, 41-51.
"Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?» Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»"

Reflexión del domingo 12 de Agosto de 2018.

Evangelio según Juan 6, 41-51.

Relfexión: Yo Soy el Pan de vida

Al querer escribir esta reflexión, me di cuenta de que era muy difícil llegar y sentarme a escribir algunas ideas que me vinieran a la mente…así es que  por sugerencia de una de mis hermanas de comunidad pregunté ¿qué te dice el evangelio? Y es ahí donde escuché una reflexión que me siguió y quiero compartirles.

¿De qué me estoy alimentando? No solo físicamente, también en espíritu y mente.

Alimentarse es una actividad que requiere de responsabilidad personal sobre mi misma, lo mismo como tantas otras actividades de nuestra vida que requieren de nuestra voluntad, decisión, discernimiento, y práctica. Ya contamos con la Palabra del mismo Jesús que nos dice “Yo Soy el Pan de Vida”, pero eso no nos basta para alimentarnos…se nos ofrece el Pan, pero, es el movimiento de nuestro reconocimiento, de nuestra hambre y de nuestra pobreza , la que nos llevará a la acogida, a buscar comer ese Pan para saciar nuestra hambre.

A los judíos, Jesús los amonesta: “Dejen ya de criticar entre ustedes”, pues oírlo decir que Él era el pan del Cielo, les descuadraba lo que habían aprendido desde su juventud, las enseñanzas de siglos y siglos. Ciertamente la seguridad de que conocían a Jesús, a su familia y a su madre, les hacía actuar con la seguridad de tener la razón. Desde la mirada hambrienta y pobre de quien no puede aceptar  de que hay una posibilidad de error en su juicio, los judíos pretendían mantener la fidelidad a la ley y los profetas, de lo cual estaban orgullosos.

Me pregunto a mí  misma y las invito a preguntarse ¿Cuál es el alimento con el que estoy nutriéndome?

Cuáles son las críticas, sin siquiera darme la posibilidad a error, que sigo haciendo, al tratar de mantenerme fiel  a algo aprendido años atrás y que hoy ya no parece ajustarse a la realidad?

En los tiempos que vivimos, especialmente como Iglesia  ahora y vida consagrada, particularmente en Chile, donde hoy me encuentro,  siento que es tiempo de reconocernos hambrientas del Verdadero Alimento,  y enfrentar la realidad que nos dice que debemos cambiar, transformar nuestra “dieta alimenticia”, dejar de comer lo que nos intoxica, lo que poco a poco nos va degradando la vida.

La invitación entonces la reconocemos, la Salud  se nos ofrece: Yo Soy el Pan de Vida…la respuesta sigue dependiendo de nosotras.

Alba Letelier, sp