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Espiritualidad Providencia

Evangelio según San Marcos 9,30-37
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: – El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará. Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: –¿De qué discutíais por el camino? Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: –Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: –El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

Reflexión del domingo 23 de septiembre de 2018.

Evangelio según San Marcos 9,30-37

Reflexión:

Este pasaje del Evangelio nos muestra un segundo paso de Jesús en su camino hacia Jerusalén, acompañado por sus discípulos. El maestro sabe lo que le espera con la lucidez de un profeta: la pasión y la muerte, pero también la seguridad de que estará en las manos de Dios Padre para siempre, porque su Dios es el Dios de la vida. Pero ese anuncio de la pasión se convierte en el evangelio de hoy en una motivación más para hablar a los discípulos de la necesidad del servicio.

Además, Jesús, guía y maestro de vida, en el gesto por así decir sacramental de la acogida simbólica de un niño, gesto significativo acompañado de las palabras: “Quien reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado”. Es esa sencilla y expresiva actitud de sincero servicio a los más humildes y pequeños, la que autentifica la credibilidad del verdadero discípulo: “Quien quiera ser el primero, ha de ser el último y servidor de todos”. ¿Qué mejor tarjeta de presentación que el compromiso cristiano con esta nueva escala de valores instaurada por Jesús?

Si es el niño quien ha de ocupar el centro de la vida comunitaria, ¿dónde queda el protagonismo de la ambición, el honor y la grandeza de los primeros puestos? ¿Qué sentido tienen entre nosotros las discordias, desacuerdos y controversias? Para nada se corresponden con la sabiduría proveniente del evangelio. La mirada crítica de Jesús recae directamente sobre sus propios discípulos, desautorizados por su comportamiento para ejercer la misión a la que han sido llamados. Lo más pequeño e insignificante a nuestros ojos ocupa el primer lugar a los ojos de Dios. No es el Señor el que está sentado a la mesa, sino el que sirve.

Como se nos ha pedido Jesús, Emilia y Bernarda por sus ejemplos de vida, sigamos a servicio de los más pequeños de nuestra sociedad. Qué tengan una muy linda semana,

LC