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Espiritualidad Providencia

Evangelio según San Marcos 13, 24-32
“Después de esa angustia llegarán otros días; entonces el sol dejará de alumbrar, la luna perderá su brillo, las estrellas caerán del cielo y el universo entero se conmoverá. Y verán venir al Hijo del Hombre en medio de las nubes con gran poder y gloria. Enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprendan de este ejemplo de la higuera: cuando las ramas están tiernas y brotan las hojas, saben que el verano está cerca. Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que todo se acerca, que ya está a las puertas. En verdad les digo que no pasará esta generación sin que ocurra todo eso. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Por lo que se refiere a ese Día y cuándo vendrá, no lo sabe nadie, ni los ángeles en el Cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre.”

Reflexión del domingo 18 de noviembre de 2018.

Evangelio según San Marcos 13, 24-32

Reflexión:

Por estas palabras Jesús anuncia, al parecer, acontecimientos terribles, el fin de este mundo, ¿quizás? Y con el fin del mundo vendría el final también de esta vida nuestra. El evangelio de este domingo es para mí uno de los textos más difíciles: el retorno de Cristo al fin del mundo para el juicio universal. Sin embargo no se puede interpretar de otra forma la afirmación de que el sol no dará más luz y de que las estrellas caerán del cielo sobre la tierra. Es el anuncio del desastre final. Más de una película se ha hecho en los últimos años describiendo ese final horrible del mundo y de la vida que contiene. Este mundo pasa. Nuestra vida tiene un final. Eso es así y no lo vamos a cambiar. El fin del mundo y el fin de mi vida llegarán algún día. Probablemente antes lo segundo que lo primero. Lo importante es saber que acogidos al perdón de Dios que se nos ofrece en Cristo, podemos acceder a la nueva vida, estamos salvados. Esa es nuestra fe. No hay, razón para temer. La enseñanza de Jesús está centrada en la segunda venida del Hijo del hombre. Es un acontecimiento positivo, el último de la historia de la salvación.

El Hijo de Dios, con la gloria del Resucitado hará un juicio y reunirá a todos los elegidos. Las imágenes del sol, de la luna y de las estrellas ilustran la grandeza de esta venida gloriosa. Son, un lenguaje simbólico que manifiesta la conclusión y anuncia el punto culminante de la historia universal. La historia final del mundo no es una catástrofe sino una salvación para los elegidos. No podía ser de otra manera, ya que en el comienzo de la historia humana, la creación fue el gran gesto de amor de Dios.

¿Cuándo será el retorno glorioso de Cristo?  El futuro está en las manos de Dios. Por eso nosotros, cristianos y cristianas no estamos pendientes de curiosidades imaginarias para adivinar nuestro futuro o el del mundo, sino debemos vivir el presente con una actitud vigilante, positiva, esperanzada.

El creyente se diferencia de quienes no lo son no por sus cualidades morales o éticas, ni por sus obras más perfectas, sino por su actitud vigilante ante el retorno del Señor, que se acerca. Por eso la fe hace que se viva en esperanza y amor.

La parábola de la higuera es una invitación a la vigilancia y a la interpretación de los signos de los tiempos. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan se sabe que la primavera está cerca, pero que aún no ha comenzado. La palabra “cerca” es clave; los signos de los tiempos no anuncian el fin del mundo, sino la cercanía del fin de una etapa en la evolución de nuestra fe.

En unión de oraciones me despido,

Una Hermana de la Providencia