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Recursos e inspiración

Las Hermanas de la Providencia ponen a su disposición algunas oraciones y les recomiendan algunas lecturas.

Oración a la Providencia

Providencia  de Dios, yo  creo en Ti.

Providencia  de Dios, yo  espero en Ti.

Providencia de Dios, yo te amo con todo mi corazón.

Providencia de Dios, muchas gracias te doy.

Reflexiones sobre el Evangelio del domingo

Compartimos las reflexiones de hermana Yvette Demers, sp., Vice-postuladora de la Causa Émilie Gamelin sobre el Evangelio del domingo 18 de febrero de 2018:

Reflexión

En este primer domingo de Cuaresma, san Marcos en su evangelio (1,12-15) nos recuerda que después de su bautizo, Jesús fue al desierto, empujado por el Espíritu.

Antes de comenzar su «vida pública», Jesús necesita silencio, para hablar de corazón a corazón con su Padre que le pedirá más adelante, el sacrificio de su vida para «sanar» a la humanidad.

Toda vida humana conoce sus momentos de duda, sus horas de preocupación e incomprensiones, y solamente una FE profunda y la certeza de estar siguiendo los pasos de Jesús, traerá luz y dará la fuerza para continuar caminando hasta el final.

Hace 175 años, una mujer también se dejó conducir por el Espíritu sin saber realmente adonde la conduciría: Emilia Tavernier Gamelin, nacida el 19 de febrero de 1800, en Montreal.

Esposa y madre de tres hijos, en menos de cinco años vio desaparecer para siempre lo que más quiso en el mundo: su esposo y sus tres hijos. Tenía entonces solamente 28 años de edad. ¿Por qué estos fallecimientos? A través de la oración y de la reflexión al pie de la Madre de los Dolores, Emilia encontró su camino: su marido y sus hijos pasarán a ser todo lo que la miseria oprima. Sin tardar, entró en acción.

Durante quince años, esta mujer respondió al carisma que Dios-Providencia le había confiado. Con un grupo de «damas de caridad», recorría las calles de Montreal para responder a las numerosas necesidades de la época. Sin embargo, monseñor Bourget, obispo de Montreal, deseaba confiar a una congregación religiosa, la obra tan necesaria que Emilia dirigía, para asegurar su permanencia. Emilia se encontraba en una encrucijada. ¿Qué iba a hacer? ¿Entregaría a su obispo esta obra cuya incorporación civil se había oficializado el 18 de septiembre de 1841? La oración y la reflexión continuaron siendo  sus puntos de referencia… Siempre atenta y fiel a la gracia, eligió seguir siendo la sirvienta de los pobres para el resto de su vida, bajo la autoridad de las Hermanas de la Caridad que debían llegar pronto. Ella confió y apoyó a su obispo lo con los preparativos para la llegada de las hermanas de Francia.

Sin embargo «los caminos de Dios no son nuestros caminos». A monseñor Bourget se le notificó que las Hijas de la Caridad no venían. Encontrándose en un callejón sin salida, invitó a la señora Gamelin a orar con él. Después de una hora, una decisión fue tomada: él solicitaría a las jóvenes formar una nueva comunidad canadiense. Esta nació el 25 de marzo de 1843.

De nuevo, Emilia sintió que el Espíritu la llamaba a entregarse enteramente a Dios en la vida religiosa. Comunicó su deseo a monseñor Bourget, pero este tenía dudas. Emilia reiteró su solicitud, oró, y recibió una respuesta positiva, que le significó la voluntad de Dios. Pasó a ser Hija de la Caridad, Sierva de los Pobres, Hermana de la Providencia.

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Compartimos las reflexiones de hermana Hélène Mamert Nga Amogo, sp., sobre el Evangelio del domingo 11 de febrero de 2018: 

Mc 1,40-45

Se le acercó un leproso, que se arrodilló ante él y le suplicó: «Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo compasión, Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio.» Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. Entonces Jesús lo despidió, pero le ordenó enérgicamente: «No cuentes esto a nadie, pero vete y preséntate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que ordena la Ley de Moisés, pues tú tienes que hacer tu declaración.» Pero el hombre, en cuanto se fue, empezó a hablar y a divulgar lo ocurrido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares solitarios. Pero la gente venía a él de todas partes.

 ¡Dejarme transformar por un encuentro personal con Jesús a través de las personas pobres con las que me encuentro en lo cotidiano!

La cita del Evangelio de Marco que se nos ofrece para nuestra meditación, en este 6.o domingo del Tiempo Ordinario del año litúrgico B, nos presenta a un hombre afectado por la lepra, una enfermedad considerada como impura por la tradición judía. A este sufrimiento, se añadía la marginalización social. Este hombre doblemente afligido manifestó su deseo de recuperar su dignidad humana y social. Inició entonces un caminar de fe que lo condujo hacia la persona que buscaba, el médico por excelencia: Jesús. Su iniciativa refleja su anhelo de ser sanado. Se dirigió directamente a Jesús, se arrodilló y dijo: «Si quieres, puedes limpiarme.» A través de estos gestos podemos ver su fe en Jesús. Además, el hombre pidió algo mayor aún: la purificación. Él quiere ser purificado. Señaló de esta manera su necesidad de sanación física, pero también espiritualmente. Esto es lo que impactó a Jesús, quien actuó sin demora; invadido por la compasión, Jesús extendió su mano, lo tocó y dijo: «Quiero, queda limpio.» Con esta acción concreta, Jesús rompe la distancia entre este leproso y Él. Le regresó lo que había perdido: la dignidad. El leproso ya sanado no pudo contenerse a pesar de la recomendación de Jesús, quien lo había invitado a guardarse para sí lo vivido personalmente.

¿No es el anonimato de este leproso el espejo de cada una de nosotras, invitadas a buscar a Jesús para gritarle nuestro profundo anhelo de sanar nuestras fragilidades y nuestras discapacidades que nos impiden ser la mejor persona que somos llamadas a ser y nos impiden ofrecer lo que tenemos de único? El proceso del leproso interpela a cada cristiano y cada cristiana, como también a cada una de nosotras Hermanas de la Providencia, a vivir personalmente el encuentro con Cristo, porque todos necesitamos su ternura. Este leproso encontró el Señor al que buscaba, y se encuentra a sí mismo por este Señor que también lo busca. Se mostró humilde, confiado y convencido de lo que esperaba.

Desde hace 175 años, nosotras Hermanas de la Providencia hemos buscado a este Señor cotidianamente. ¿No lo vemos hoy en la actitud de nuestro maestro Jesús? Él se apresura a hacer el bien y por lo tanto le manifestó su compasión al leproso. Con su mirada, rompió la barrera, transgredió la ley del aislamiento de los leprosos y actuó con gestos concretos que manifestaron el amor que tenía para esta persona y por cada persona. Tocó al leproso y le habló sin temer el contagio. La fe es un riesgo, pero es un riesgo que vale la pena tomar. La beata Emilia Gamelin eligió el riesgo, como también todas las hermanas que nos han antecedido desde hace 175 años. Hoy nosotras Hermanas de la Providencia somos invitadas por este Evangelio a dejarnos urgir por la caridad de Cristo, en todas partes y en todo.

Todos somos discípulos de Cristo. ¡Que su gracia que obra en nosotros y a través de nosotros nos acerque continuamente a Él, para que podamos actuar como Él: con humildad, simplicidad y caridad!

¡Providencia de Dios, muchas gracias te doy!

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Evangelio según Marcos, capítulo 1, 29-39

Jesús sana a la suegra de Pedro

29 En cuanto salieron de la sinagoga, Jesús fue con Jacobo y Juan a la casa de Pedro y Andrés. 30 La suegra de Pedro estaba en cama porque tenía fiebre, y enseguida le hablaron de ella. 31 Jesús se acercó y, tomándola de la mano, la ayudó a levantarse. Al instante la fiebre se le fue, y ella comenzó a atenderlos. 32 Al anochecer, cuando el sol se puso, llevaron a Jesús a todos los que estaban enfermos y endemoniados. 33 Toda la ciudad se agolpaba ante la puerta, 34 y Jesús sanó a muchos que sufrían de diversas enfermedades, y también expulsó a muchos demonios, aunque no los dejaba hablar porque lo conocían. 35 Muy de mañana, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó y se fue a un lugar apartado para orar. 36 Pedro y los que estaban con él comenzaron a buscarlo, 37 y cuando lo encontraron le dijeron: «Todos te están buscando.» 38 Él les dijo: «Vayamos a las aldeas vecinas, para que también allí predique, porque para esto he venido.» 39 Y Jesús recorrió toda Galilea; predicaba en las sinagogas y expulsaba demonios.”

Reflexión del Evangelio del domingo 4 de febrero de 2018, por Gladys Flores, sp.

«Rápidamente le hablaron al Señor diciéndole que la suegra de Pedro estaba acostada y con fiebre». Presentar a los enfermos al Señor en la oración y confiar en que serán sanados por Él, es un buen hábito que debemos practicar; tenemos que ser perseverantes en la oración sin perder la esperanza de que seremos sanados en cuerpo y espíritu por el Señor de la vida.

Y Jesús, en ese ambiente familiar del hogar de Pedro, inmediatamente se interesó por ella y la sanó. Nunca estaba demasiado cansado para ayudar y actuaba sin tardar frente a las necesidades de las personas; Él es el gran Restaurador.

La suegra de Pedro se puso en pie y los atendió; es decir, que una vez recuperadas la salud y la dignidad, empieza a servir porque Jesús no solo sana a la persona, sino que lo hace para que ella se ponga al servicio de los demás.

Al servir al Señor, aquella mujer solo estaba empleando para Él la energía que Él mismo le había concedido.

El Señor no solo nos ha librado de muchas cosas malas, sino que nos ha dado dones que debemos emplear para su servicio y el servicio a los hermanos.

Meditemos la pregunta que hizo el papa Francisco durante su encuentro con los jóvenes de Chile en el Santuario de Maipú: «“¿Qué tengo yo para aportar en la vida?”. Y cuántos de ustedes sienten las ganas de decir: “No sé”. ¿No sabes lo que tienes para aportar? Lo tienes adentro y no lo conoces. Apúrate a encontrarlo para aportar. El mundo te necesita, la patria te necesita, la sociedad te necesita, vos tenés algo que aportar»…

 

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Evangelio según Marcos, capítulo 1, 21-28

«[Jesús y sus discípulos] llegaron a Cafarnaúm. Jesús empezó a enseñar en la sinagoga durante las asambleas del día sábado. Su manera de enseñar impresionaba mucho a la gente, porque hablaba como quien tiene autoridad, y no como los maestros de la Ley. Entró en aquella sinagoga un hombre que estaba en poder de un espíritu malo, y se puso a gritar: “¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé que tú eres el Santo de Dios.” Jesús le hizo frente con autoridad: “¡Cállate y sal de ese hombre!” El espíritu impuro revolcó al hombre en el suelo y lanzó un grito tremendo y luego salió de él. El asombro de todos fue tan grande que se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? Una doctrina nueva, y ¡con qué autoridad! Miren cómo da órdenes a los espíritus impuros ¡y le obedecen!” Así fue como la fama de Jesús se extendió por todo el territorio de Galilea.»

Compartimos las reflexiones de hermana Annette Aspirot, sp., sobre el Evangelio del domingo 28 de enero de 2018:

Jesús enseñaba con autoridad. Esta expresión me conmueve. Este hombre que enseña con autoridad, tenemos muchas pruebas de ello en los evangelios: «Nunca hombre alguno ha hablado como éste.» Jn 7,46. «Por eso cada cual trataba de tocarlo, porque de él salía una fuerza que los sanaba a todos.» Lc 6,19. Jesús cautiva a las multitudes no sólo con curaciones sino con el poder de su Palabra; y no sólo con lo que dice, sino con su mirada, su actitud, la dignidad de su persona. Él escucha, busca la presencia de los pobres y se interesa por su cotidiano, come con ellos y llora con ellos. Lo que dice está colmado de la verdad.

Marc añade que Él no enseñaba como los escribas. Los sacerdotes y los escribas, encargados de la Palabra anunciaban la venida del Mesías, pero no lo reconocían en Jesús. Ver sus milagros les exasperaba. Sin embargo, aquellos que lo oían decían: Es Él, el profeta que esperábamos. Los miembros de la sinagoga de Cafarnaúm se estaban viviendo algo nuevo. El discurso de Jesús contrastaba con lo que ellos estaban acostumbrados a oír.

El hombre atormentado por un espíritu malo fue desestabilizado por la presencia de Jesús. El poseído admitió la santidad de Jesús porque este se encontraba bajo la influencia del demonio que hablaba por su boca. Se sentía amenazado, expuesto. “¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?”

La reacción de este endemoniado no es tan diferente de la de aquellos que se dedican hoy día a un negocio corrupto, donde la mentira, la ambición de lucro y la injusticia reinan. Temen ser expuestos, denunciados, tener que admitir su comportamiento mendaz. Quieren permanecer en su ceguera para continuar sus maquinaciones diabólicas. Obtienen beneficios. Amontonan tesoros terrestres que serán destruidos por la oxidación.

La autoridad de Jesús es liberadora, iluminadora. Si oímos la enseñanza de una persona enamorada de Dios, ella nos enseña con autoridad porque Dios se manifiesta a través de sus palabras. ¡No hemos escuchado a santos testigos de la Palabra?! Ellos y ellas transmiten lo que viven. Se trata de que el divino pasa a través del humano para anunciar sus mensajes.

Damos testimonio por lo que somos. Nuestro testimonio tiene valor según lo que hemos vivido. Enseñamos a través de nuestra manera de actuar, de la calidad de nuestra presencia, de nuestra intimidad con El que queremos dar a conocer. ¿Cómo damos testimonio de nuestra Misión Providencia? ¿Hasta qué punto somos los rostros humanos de la Divina Providencia? Este evangelio de Marcos nos invita a dejarnos acercar por Jesús, a dejarnos impregnar de su presencia, de su voz liberadora, para ser auténticos apóstoles de la Buena Nueva. De esta manera, recolectaremos tesoros duraderos.

Lecturas

Sobre el medio ambiente: Laudato si’, Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Sobre la misericordia: Misericordiӕ Vultus, Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, http://w2.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/papa-francesco_bolla_20150411_misericordiae-vultus.html

Sobre la paz: «La no violencia: un estilo de política para la paz», Mensaje para la celebración del 50a Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2017 http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20161208_messaggio-l-giornata-mondiale-pace-2017.html

Biografías de Emilia Tavernier Gamelin

Libros disponibles en el Centro Emilia Gamelin:

Emilia Tavernier Gamelin

Biografía

Autor: Denise Robillard

Año de publicación: 1988

ISBN 2-920417-42-8

324 páginas Disponible en francés, inglés y español.

 

Madre Gamelin mujer de compasión

Biografía y estudio histórico

Por hermana Thérèse Frigon, sp., en colaboración

Año de publicación: 1984

80 páginas Disponible en francés, inglés y español.

 

Emilia Tavernier Gamelin: La Gran Dama de Montreal,

Fundadora de las Hermanas de la Providencia

Biografía

Autor: Mons. André-M. Cimichella, O.S.M, Obispo auxiliar emérito de Montreal, 1982

Año de publicación: 2002

ISBN 2-922291-82-0

77 páginas Disponible en francés, inglés y español.