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Espiritualidad Providencia

Mc 1, 12-15
En seguida el Espíritu lo empujó al desierto.
Estuvo cuarenta días en el desierto y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes y los ángeles le servían. Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. Decía: «El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Renuncien a su mal camino y crean en la Buena Nueva.»

“He rezado para que siempre amen a los pobres y que la paz y la unión se conserven entre ustedes.” Emilia Tavernier-Gamelin, 10 de septiembre de 1851

… Este año 2018 celebramos el 175.o aniversario de la Congregación. Con el objetivo de disponer de una herramienta común de reflexión y desde un punto de vista de la espiritualidad propia a nuestra Congregación le presentamos las reflexiones hechas por una Hermana de la Providencia sobre el Evangelio del Domingo 11 de febrero.

Reflexión

En este primer domingo de Cuaresma, san Marcos en su evangelio (1,12-15) nos recuerda que después de su bautizo, Jesús fue al desierto, empujado por el Espíritu.

Antes de comenzar su «vida pública», Jesús necesita silencio, para hablar de corazón a corazón con su Padre que le pedirá más adelante, el sacrificio de su vida para «sanar» a la humanidad.

Toda vida humana conoce sus momentos de duda, sus horas de preocupación e incomprensiones, y solamente una FE profunda y la certeza de estar siguiendo los pasos de Jesús, traerá luz y dará la fuerza para continuar caminando hasta el final.

Hace 175 años, una mujer también se dejó conducir por el Espíritu sin saber realmente adonde la conduciría: Emilia Tavernier Gamelin, nacida el 19 de febrero de 1800, en Montreal.

Esposa y madre de tres hijos, en menos de cinco años vio desaparecer para siempre lo que más quiso en el mundo: su esposo y sus tres hijos. Tenía entonces solamente 28 años de edad. ¿Por qué estos fallecimientos? A través de la oración y de la reflexión al pie de la Madre de los Dolores, Emilia encontró su camino: su marido y sus hijos pasarán a ser todo lo que la miseria oprima. Sin tardar, entró en acción.

Durante quince años, esta mujer respondió al carisma que Dios-Providencia le había confiado. Con un grupo de «damas de caridad», recorría las calles de Montreal para responder a las numerosas necesidades de la época. Sin embargo, monseñor Bourget, obispo de Montreal, deseaba confiar a una congregación religiosa, la obra tan necesaria que Emilia dirigía, para asegurar su permanencia. Emilia se encontraba en una encrucijada. ¿Qué iba a hacer? ¿Entregaría a su obispo esta obra cuya incorporación civil se había oficializado el 18 de septiembre de 1841? La oración y la reflexión continuaron siendo  sus puntos de referencia… Siempre atenta y fiel a la gracia, eligió seguir siendo la sirvienta de los pobres para el resto de su vida, bajo la autoridad de las Hermanas de la Caridad que debían llegar pronto. Ella confió y apoyó a su obispo lo con los preparativos para la llegada de las hermanas de Francia.

Sin embargo «los caminos de Dios no son nuestros caminos». A monseñor Bourget se le notificó que las Hijas de la Caridad no venían. Encontrándose en un callejón sin salida, invitó a la señora Gamelin a orar con él. Después de una hora, una decisión fue tomada: él solicitaría a las jóvenes formar una nueva comunidad canadiense. Esta nació el 25 de marzo de 1843.

De nuevo, Emilia sintió que el Espíritu la llamaba a entregarse enteramente a Dios en la vida religiosa. Comunicó su deseo a monseñor Bourget, pero este tenía dudas. Emilia reiteró su solicitud, oró, y recibió una respuesta positiva, que le significó la voluntad de Dios. Pasó a ser Hija de la Caridad, Sirvienta de los Pobres, Hermana de la Providencia

Yvette Demers, sp., Vice-postuladora de la Causa Émilie Gamelin