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Votos perpetuos de hermana Jude Merline Bernard, sp.

Hoy, doy gracias a Dios por su constante solicitud y por todos los favores que a diario me prodiga. Él me ha llamado no porque sea más digna que otras personas, sino por amor y gracia pura.

El Señor hizo en mí maravillas, santo es su nombre. Lucas 1,49
Votos perpetuos de hermana Jude Merline Bernard, sp.
25 de enero de 2025 – iglesia Sainte-Véronique de Welch, Haití

Cuando me dejo impregnar y tocar por el amor de Cristo, tengo la impresión de que siempre he alimentado ese deseo interior de consagrar mi vida a Dios.
En mi familia, la fe cristiana ocupa un lugar primordial y la misa dominical es el momento habitual de renovación que orienta mi vida cotidiana. Nada de grandes discursos sobre Dios, sino más bien una profunda convicción de que Dios nos precede, nos acompaña y cuenta con nosotros para trabajar en la construcción de un mundo más solidario y justo. La belleza de la creación, al igual que la música, me han abierto horizontes, y en particular el de la oración.

Hoy, doy gracias a Dios por su constante solicitud y por todos los favores que a diario me prodiga. Él me ha llamado no porque sea más digna que otras personas, sino por amor y gracia pura. En su misericordia, quiso que yo esté cerca de Él y que pueda servirlo a través de mis hermanos y hermanas, de conformidad con el Carisma y la espiritualidad de la Congregación de las Hermanas de la Providencia.

Al decirle «sí» al Señor, respuesta que no siempre es fácil de dar, me siento profundamente llamada a seguir a Cristo viviendo los votos de pobreza, castidad y obediencia en la Congregación de las Hermanas de la Providencia.

Ahora que pronuncio mis votos perpetuos en el seno de la comunidad, creo que Jesús mismo me pide una renovación constante de corazón y de espíritu. Soy plenamente consciente de que mi consagración religiosa es un signo del perfeccionamiento de las riquezas de mi bautismo, el cual me impulsa a crecer constantemente en la fe, la esperanza y el amor. Como lo dijo alguien con gran ingenio: «La vida religiosa no es un objetivo por alcanzar, sino un camino por recorrer». Es un deseo de caminar cada día siguiendo a Cristo. Es también el compromiso de amarlo y de hacer que lo amen, en especial a través del servicio a las personas más frágiles y de la pastoral juvenil.

Seguir a Dios es una aventura llena de sorpresas. Estoy aprendiendo a dejar que Cristo guíe mi vida, a depositar en Él mi confianza y a ver, a través de su mirada, a las personas y los acontecimientos. Que el Señor concluya en mí la obra que Él ha iniciado.
¡Providencia de Dios, yo creo en Ti!

Jude Merline Bernard, sp.