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183.o aniversario de fundación Congregación de las Hermanas de la Providencia – 25 de marzo 1843-2026

En esta festividad de la Anunciación, conmemoramos una vez más la fundación, en 1843, de la Congregación de las Hijas de la Caridad, Siervas de los Pobres, ulteriormente denominada de manera oficial las «Hermanas de la Providencia». La historia de nuestra fundación nos recuerda la Providencia en acción en medio de realidades cambiantes que traen consigo desencantos y alteraciones de planes cuidadosamente elaborados. Monseñor Ignace Bourget tenía grandes planes para acoger a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl de Francia, para que se consagraran a las obras caritativas ya establecidas por la señora Emilia Gamelin y aseguraran su perennidad. El Asilo de la Providencia estaba en construcción para acoger a las hermanas de Francia y atender las necesidades de un número cada vez mayor de personas indigentes y necesitadas de cuidados compasivos. En noviembre de 1842, monseñor Bourget recibe la noticia de que las hermanas francesas no pueden viajar a Montreal debido a obligaciones misioneras en Argelia.

En febrero de 1843, monseñor Bourget anuncia su decisión de fundar una comunidad diocesana de religiosas en lugar de confiar a otra congregación de Montreal el ministerio de la señora Gamelin, muy cercano a la obra de san Vicente de Paúl. El canónigo John Charles Prince es nombrado superior canónico. El 17 de marzo de 1843, siete mujeres, entre ellas dos ayudantes de la señora Emilia Gamelin, inician su noviciado con un retiro en la Casa Amarilla (La Maison jaune, el refugio de la señora Gamelin para mujeres pobres, ancianas y enfermas), ya que el Asilo de la Providencia aún no estaba listo para acoger a sus residentes.

El retiro terminó el 25 de marzo, el día de la festividad de la Anunciación, con la inauguración del noviciado por monseñor Bourget y la toma de hábito de las siete primeras novicias. Por esto, el 25 de marzo de 1843 se considera la fecha de fundación del nuevo Instituto, y la Casa Amarilla, la cuna de la Comunidad.

Recordemos que la señora Gamelin no formaba parte de las siete primeras novicias. Sin embargo, monseñor Bourget había decidido que la señora Gamelin, aun siendo laica, debía asumir el rol de maestra de novicias. Ella sería la responsable de la administración temporal del nuevo Instituto. Las novicias aprendieron a prodigar cuidados con compasión y a amar profundamente a las personas pobres siguiendo el ejemplo de la señora Gamelin, de su confianza en la Providencia y su profunda vida espiritual. Ella participaba en los ejercicios espirituales y los sacrificios exigidos a las novicias.

El 18 de mayo de 1843, aniversario de la fundación de Ville-Marie (Montreal), las ancianas abandonaron la Casa Amarilla para instalarse en el Asilo de la Providencia, seguidas por la señora Gamelin y las novicias el 24 de mayo de 1843, día de la festividad de Nuestra Señora del Buen Socorro.

Es el día de San Vicente de Paúl, el 19 de julio de 1843, cuando el llamado a la vida religiosa se vuelve claro para la señora Gamelin, tras una experiencia providencial vivida con una huérfana de veintitrés meses que le había sido confiada. La señora Gamelin ingresó como novicia el 8 de octubre de 1843, a su regreso de una visita a las Hermanas de la Caridad en Maryland, Estados Unidos, a donde viajó a petición de monseñor Bourget para obtener un ejemplar de la Regla de San Vicente de Paúl y observar sus ministerios.

Hermana Gamelin, quien era la mayor de las novicias, continuó como superiora y las inició en el ministerio de las visitas domiciliarias a las personas pobres y en las colectas en los barrios adinerados de la ciudad, con el fin de proveer alimentos y donativos a las personas menos favorecidas y a las enfermas.

En este día, en que se celebra esta festividad mariana y reflexionamos sobre la historia de la fundación de nuestra Congregación, demos gracias a Dios Providencia por habernos concedido el don de decir SÍ a su llamado vocacional, y también por el sí de María, la Madre de Jesús, el de cada hermana de la Providencia y el de cada asociada y asociado Providencia, desde la fundación de nuestra Congregación. La Providencia siempre ha sido y continuará siendo fiel, cada día y de todas las maneras posibles. Pedimos a Dios que afiance nuestra fidelidad a nuestra Misión y a nuestro Carisma en el contexto actual, y que nos guíe en la respuesta que damos a las personas que requieren nuestro cuidado y compasión, cuyas necesidades se nos dan a conocer. Renovemos también nuestra confianza en la Providencia sabiendo que, incluso cuando nuestros más preciados planes se ven interrompidos, Dios nos ofrece nuevas posibilidades.

¡Feliz aniversario de fundación!

 

Reflexión:

  • ¿Qué es aquello que más te conmueve de nuestra historia de fundación y te anima a vivir hoy nuestra Misión y Carisma Providencia?
  • ¿Por qué la festividad de la Anunciación y las lecturas bíblicas de su liturgia cobran tanta relevancia en el día del aniversario de fundación de nuestra Congregación?
  • Imagina los pensamientos, oraciones y acciones de Emilia Gamelin el 25 de marzo de 1843. ¿Qué nos diría ella hoy, en este 183.º aniversario de fundación?

 

Festividad de la Anunciación

Reflexión

Por Hermana Nicole Kunze, B.M.V., superiora

Monasterio de la Anunciación

25 de marzo de 2023

Al reflexionar sobre el Fiat de María, su sí a Dios, me siento atraída por la sencillez del acontecimiento. El Evangelio de Lucas no ofrece una descripción del entorno, pero a lo largo de los años los artistas han compartido sus ideas al respecto.

Siempre me ha fascinado el cuadro de Henry Ossawa Tanner que representa la Anunciación, en el cual se aprecia a María en una habitación modesta, mientras el ángel Gabriel llega envuelto en un haz de luz. ¿Qué estaba haciendo ella en ese momento? Es difícil de decir, ya que no parece estar ocupada con ninguna tarea doméstica. Quizás estaba rezando sus oraciones diarias cuando apareció el ángel. A falta de detalles, podemos imaginar la escena a nuestro gusto.

Durante el último Adviento, leí por primera vez The Reed of God (El junco de Dios, versión en español), de Caryll Houselander. ¡Qué obra tan enriquecedora! En la sección titulada Fiat, Houselander escribe sobre la simplicidad de la vida de María. «No se le pidió que llevara una vida particularmente especial. Simplemente debía permanecer en el mundo. Debía ofrecer su vida cotidiana a Él». Dios pide lo mismo a cada cual. Dios nos pide que permanezcamos fieles al compromiso que hemos adquirido como miembros de esta comunidad monástica. Debemos ofrecer nuestra vida cotidiana, las labores, los deberes y las actividades que la componen. San Benito nos trazó un camino de vida en el que el horario diario se repite sin cesar y en el que se nos pide que estemos presentes, que participemos en esta vida, día tras día.
Luego de más de 25 años de vida monástica, me doy cuenta de que mi relación con Dios es cada vez más profunda puesto que la liturgia de las horas, la Eucaristía, mi oración y mis reflexiones personales hacen parte de mi cotidianidad. De vez en cuando puede haber alguna revelación, pero es en las cosas ordinarias de la vida donde encuentro a Dios y siento que vivo lo que Él espera de mí.

Por eso, les hago una invitación a reflexionar sobre la siguiente pregunta: 

En mi vida cotidiana, ¿soy capaz de decir sí a Dios?

Fuente:

https://www.annunciationmonastery.org/events/announcements.html/article/2023/03/25/prioress-reflection-for-the-feast-of-the-annunciation

(Traducción libre del texto original en inglés)

Hna. Karin Dufault, sp.

Vicepostuladora

Oficina de la Causa de Emilia Tavernier Gamelin